La maternidad sobreextendida

Es verdad que vivimos en un entorno donde el modelo de familia se parece más a la gens romana que a la de los protestantes americanos que eligen vivir en Florida cuando se hacen mayores, sin embargo, las cuentas no cuadran para seguir postulándolo como el mejor de los mundos posibles. El clan familiar del que estamos tan orgullosos los latinos ya no se corresponde con una explotación familiar agrícola en la que cuatro generaciones juntas mantienen una granja, ni con un lobby de influencias financieras donde las generaciones se suceden al mando de los consejos de administración con santa paciencia y esperando al relevo generacional a edades cada vez más provectas. No, el común de los mortales latinos y no digamos ya de las latinas, nos encontramos acopladas a un sistema de solidaridad familiar unilateral donde la abuelez es sinónimo de prolongación de la maternidad perinatal hasta la segunda generación de niños que de alguna manera se convierten en tu responsabilidad al cargo, sin ninguna contraprestación emocional más que la del amor de los inocentes nietos, esperando, como mérito, una residencia apañada donde acabar tus días. Trampa saducea de alcance social por la que los abuelos nos convertimos por deber en proveedores infinitos de afecto y de lo que haga falta, disponiendo de ello hasta la extenuación y más allá, renunciando a vida propia de la que quedan todavía muy buenos años propios por apuntalar un sistema egoísta y extenuador con la decisión de tener hijos; tan irresponsable como el que achacábamos a los que no sabían practicar el control de la natalidad.

Como no pasamos el mando, ni la influencia disfrutan de la vida que han elegido y de la que no formas parte ni para escuchar un buen consejo. No vales más que lo que necesiten de ti, cuando les viene bien a ellos.

Suena como patético, pero las chicas de ayer parece que contrajimos como deuda eterna con nuestros hijos la conquista de nuestra libertad de mujeres que hay que restituirles con plazos de libre disposición.

Chicas, no, de ninguna manera. Queremos a nuestros  hijos  y especialmente a nuestros pequeños e inocentes nietos, sí mucho, pero ellos tienen un papá y una mamá que les adoran y les colman de todo bienestar  y como sus padres nos echan en cara en cuanto pueden: no nos metamos en sus vidas. 

Y vivamos amablemente, hasta el final, las nuestras. Amén.

                          

La nueva Mary Poppins


Este fin de año vuelven Spiderman, Aquaman y Mary Poppins | Mujer

Comentarios

Entradas populares