Mi cuerpo y yo

 

Mi cuerpo y yo

¡Tantos años en compañía! ¿Has pensado alguna vez en qué tú intimidad profunda, esa que no sabe casi nadie, sólo hay tres seres que la han compartido en todos estos años? Tu cuerpo, tu cama y por suerte o desgracias, según, tu marido.

Por ese orden de intensidad: el cuerpo todo el rato hasta que se entrega a la cama, que lo recibe por las noches o cuando necesitas desconectar o dejarte en estado vegetativo y el marido-amante- que tiene la inmensa suerte de apoderarse de los dos primeros para introducirse-literalmente- en ellos.

Podemos cambiar de cama, aunque yo no sé vosotras, pero yo tengo verdadero apego a los colchones y cada vez que lo he cambiado ha sido un drama: el colchón donde rompí aguas, donde hice el amor por última vez, donde pasé el peor momento de mi no vida, donde dormían mis niños… ¡qué pena!

Debe ser muy importante porque cuando uno se despide del mundo se reivindica con fuerza eso de morirse en la cama propia.

El marido, el amante, bueno, acaban siendo un invitado en este tándem cuando no se convierten en un elemento más de decoración sobre tu inseparable lecho de amor o de dolor.

¿Y el cuerpo?

¡Querido compañero de vida, qué cumples años y envejeces gastándote mientras yo, la que te habita, no cumplo nada y me asombro cada vez que te expongo al espejo sintiéndome como una fuerza de la naturaleza y comprobando que a pesar de quererte tanto, no me sigues ya como antes!

 Ay, querido mío, pídeme lo que deseas que yo te voy a escuchar, pero te voy a exigir, a pesar de quererte tanto, que me acojas como me siento, joven y eterna. 

  

                           "Abuelita se te está poniendo el pelo congelado como a Frozen". 








                                


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