Mi cuerpo quiere mimos
Mi cuerpo quiere mimos
¡Goloso, que eres un goloso! Se derrite el muy pérfido ante una oferta deleitosa de maravillosas palmeras de chocolate, sin leche, sin gluten y sin mantequilla que yo he descubierto en un lugar increíble que se llama Katz, que tiene la deferencia de considerar que los que tenemos un cuerpo que no tolera la caseína- la proteína de la leche- y que hemos decidido no inflamarle a base de gluten, no por capricho sino por deferencia al intestino de este cuerpo nuestro que se pone inflamado con estas cosas de algunos cereales, ha tenido a bien abrirnos un obrador para comer cosas buenas como nos merecemos aunque hayamos decidido otras opciones de dieta.
Ahora que la democracia como concepto está manido, seguramente porque la hemos conquistado al menos formalmente, estas cosas de la individualidad con las mismas oportunidades del resto de ciudadanos suponen realmente un bocado democrático de derecho al placer para esta pareja indisoluble que constituimos.
Mi cuerpo se ha puesto muy, muy contento pensando que el jueves una amiga que vive al lado de Katz, nos las va a traer, a los dos: a él y a mí. Su boca se hace agua, y mi yo, mente absoluta, se regocija por hacerle feliz un rato. El viernes nos haremos una buena caminata para equilibrar tanta molicie y estaremos los dos contentos también por respirar aire libre entre las olivas a punto de cosecha.
Gracias de todo corazón a los que se han aventurado a abrir las puertas de la cocina a las infinitas opciones de la creatividad culinaria sin leche, ni trigo.
Hemos creído siempre que nuestra cocina es la mejor del mundo y se nos ha olvidado que la creatividad con lo primero que se expresa es con darle gustito a todos nuestros sentidos. ¿A que sí, cuerpo mío? ¡Qué buen tándem hacemos!

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